El arabista Juan Castilla encuentra
en Túnez a los Lakhoua, descendientes de artesanos granadinos expulsados
en el siglo XVII
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MANUEL ALTOZANO - Granada EL PAÍS - 29-01-2005 Hoy son intelectuales, profesionales cualificados e incluso uno de ellos llegó a ser primer ministro de Túnez. Pero hace algo más de 400 años fueron objeto de persecuciones cristianas y sufrieron el vacío del destierro. El investigador de la Escuela de Estudios Árabes de Granada Juan Castilla ha encontrado en ese país a la familia Lakhoua, descendientes directos de moriscos granadinos que abandonaron España con el éxodo del siglo XVII. Su historia, junto a otras muchas, se cuenta en su último libro, Andalusíes. La memoria custodiada (editada por El Legado Andalusí), en el que trata de transmitir de forma novelada sus conocimientos científicos sobre la vida y costumbres de los habitantes de Al-Ándalus. |
Los Lakhoua, que se declaraban descendientes de los Abencerrajes (una
familia noble de los últimos tiempos de la dominación musulmana), eran
artesanos. Su producto estrella fue la chechía, un gorro de lana granate
muy de moda entre los andalusíes de la época. Tras el destierro,
cogieron sus herramientas de bonetero y se marcharon a Francia, y, de
allí, a Esmirna (Turquía). Una de las ramas de su árbol genealógico se
instaló en Túnez en el siglo XVIII.
Uno de los descendientes de ese linaje es Múhsin Lakhoua, un médico
jubilado que Juan Castilla encontró en la ciudad de Sidi Bou Said. El
anciano le contó lo que sus padres y los padres de sus padres le habían
transmitido: que la chechía tuvo su orígen en Al-Ándalus, donde había
fábricas en Córdoba o Toledo, y que fueron sus ancestros los que
exportaron a Túnez su técnica de fabricación. "Aún hoy, los artesanos
que las fabrican emplean muchas palabras introducidas por los moriscos
como mazu (mazo), banku (el banco de trabajo), binza (pinza), batrún
(patrón) o shintu (asiento)", le dijo Múhsin a Castilla durante una de
sus entrevistas.
Para los Lakhua, el gorro supuso el progreso. La fabricación de chechías
-que hasta mediados del siglo XX fue el gorro tradicional tunecino y
todavía hoy se vende para turistas- les reportó grandes ganancias y una
acomodada posición social. Proceder de Granada también les ayudó. "Hasta
hace poco, decir que eras descendiente de andalusíes te abría muchas
puertas", explicó Mushin al arabista. "Implicaba un gran respeto y
consideración y nos distinguía de otras familias que carecían de una
tradición tan rica como la nuestra".
Ahora pertenecen a la élite ilustrada de su país. Uno de sus vástagos
Hedi Lakhoua ostentó el cargo de primer ministro en la década de los
treinta del siglo pasado. Otro entrevistado por Castilla, Mohamed, es un
célebre dermatólogo condecorado por erradicar la lepra de Túnez. Tárek
es doctor en historia y Hela, lingüista y profesora de inglés.
"Es una tontería pensar que nosotros acumulemos sentimientos encontrados
con los españoles después de tantos años", dijo Hela a Castilla. "La
expulsión de los moriscos sólo nos provoca algo de tristeza y dolor,
nunca rencor o venganza, porque en nuestro corazón sólo hay cariño por
todo lo que venga de España".
Guardianes de las
tradiciones de Al-Andalus
M. A. - Granada EL PAÍS - 29-01-2005
Los moriscos tunecinos se consideran los herederos de la cultura de Al-Ándalus
y luchan por preservarla. Durante siglos, han rechazado mezclarse con la
población autóctona del país para tratar de conservar su modo de vida,
su comportamiento doméstico o su gastronomía, que, a través de los
siglos, se han transmitido unos a otros de manera oral. El médico
retirado Mohamed Lakhoua se lo explicó así a Castilla. "Yo soy
descendiente de andalusíes. Así me lo hicieron ver desde pequeño mis
abuelos y mis padres. En nuestra mentalidad no cabía la posibilidad de
mezclarse con alguien que no fuese de la misma sangre".
Por eso, después de vivir unos años en Europa, volvió a Túnez y se casó
con su prima. "Somos muy tradicionales. Así hemos procedido generación
tras generación hasta prácticamente la mitad del siglo pasado", le contó
Mohamed, que, sin embargo, reconoce que los tiempos han cambiado. "Tengo
sobrinos casados con mujeres tunecinas y lo comprendo a pesar de ser
viejo".
Algunos de los Lakhoua, como Muhsin, han vuelto a España y han visitado
Granada. "Un día, mientras paseaba por el Albaicín, entré casualmente en
una casa", le dijo al arabista. "Me quedé muy sorprendido porque su
arquitectura y su distribución eran exactamente iguales a las que yo
recordaba haber visto en la casa que tenía mi abuelo en plena medina de
Túnez, en la rue des Andalous. El patio, por ejemplo, era idéntico"
La huella de los moriscos en Túnez se encuentra todavía entre las
poblaciones del norte del país, donde, según Castilla aún se utilizan
vocablos y expresiones de orígen castellano que ayudan a conocer el
estado de la lengua española en el siglo XVII, cuando se produjo el
éxodo. "En Testour, un pueblecito del norte levantado por los
andalusíes, no es raro encontrar a personas que se apellidan Balma
(Palma), Garsía (García), Sanshu (Sancho) o Kabadu (Quevedo)", concluye
Castilla.